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Entre Washington y Beijing: El nuevo escenario comercial para México.

25 de septiembre de 2026 Dra. Gabriela de la Paz Meléndez Noticias

Por: Gabriela De la Paz

Desde que volvió a la Casa Blanca, Donald Trump ha puesto patas arriba la relación bilateral Estados Unidos-México. A grandes rasgos, ha invocado la seguridad nacional para incrementar aranceles de forma arbitraria y reforzar la posición de su país en la revisión del T-MEC. Todo lo que se ha desprendido de estos dos puntos implica cambios radicales para el sector empresarial mexicano.

Primero, hay que entender que, a diferencia de mandatarios anteriores, Trump no separa la seguridad nacional, ni la política exterior, de lo económico. Y aquí es donde empieza el ajuste para los mexicanos. El T-MEC, que entró en vigor en julio de 2020, ya de por sí era un ajuste a las condiciones del mercado, como en el caso de las farmacéuticas, y contribuye a incluir temas que no estuvieron presentes en el TLCAN, como el comercio electrónico. El mundo de 1994 no es el mismo de 2020 y el cambio era pertinente.

La seguridad nacional ahora incluye a China

Segundo, la seguridad nacional se incorpora, pero va más allá de la protección de las fronteras y la inmigración, sino que abarca la competencia estratégica que Estados Unidos tiene contra China. Esto afecta los temas de seguridad económica, reglas de origen y el "free-riding" de terceros países. La competencia que vemos tiene que ver con el control de cadenas de suministro, tecnología, minerales críticos, manufactura y mercados estratégicos. Y Washington quiere que de forma inequívoca México esté de su lado.

Estados Unidos quiere que México sea un socio industrial norteamericano, no una plataforma de entrada de China a su mercado. La Casa Blanca afirma que varias compañías chinas utilizan a México para ingresar al mercado estadounidense y aprovechar las ventajas del T-MEC que son sólo para los países signatarios. Esto es distinto de cómo se percibe a las armadoras asiáticas que se han establecido en varios estados mexicanos y que surten a nuestro mercado y otros de América Latina.

Los chinos van directos a entrar con ventajas al mercado estadounidense y ha sido un gran error por parte de las autoridades mexicanas permitir que esto ocurra. Es decir, que la Administración Trump nos está haciendo pagar que hay conocimiento de ello y no se toman medidas para no perjudicar a nuestro principal socio comercial, lo que atenta a la letra del tratado.

Por qué las reglas de origen son el centro de la negociación

Por eso las reglas de origen, el contenido regional y la seguridad económica son tan relevantes en la revisión del T-MEC. Canadá ha sido un socio seguro que no ha abierto la puerta trasera a los chinos, pese a que el Primer Ministro Mark Carney, ha viajado a ese país buscando estrechar sus lazos comerciales en vista de la agresividad de Donald Trump y su supuesto interés en anexarse a ese país.

Tanto para Canadá como para México, China representa muchas cosas al mismo tiempo. Es un enorme mercado (que realmente no está abierto para nadie), una fuente de inversión, proveedores competitivos, tecnología más barata y a veces hasta más eficiente, maquinaria y componentes indispensables, pero también es una gran competencia para los productores regionales y es una creciente preocupación para Washington porque es el único competidor que podría cambiar las reglas del juego a nivel global.

Estados Unidos necesita de Canadá y de México para competir con China. De ahí viene la presión para incrementar el contenido norteamericano de los productos y evitar que terceros países aprovechen indirectamente el T-MEC. Sí, Trump no puede dejar de ser Trump y presiona brutalmente y trata de que Estados Unidos tenga ventajas todavía mayores a las que tiene actualmente. La negociación está en que Canadá y México también incrementen sus ventajas en el T-MEC.

La geografía marca el destino de México

México tiene que entender que Estados Unidos y Canadá, en menor medida, se oponen tajantemente a que México sea utilizado como puerta de entrada al mercado norteamericano.

Parece que no nos hemos dado cuenta de que la geografía ha marcado nuestro destino y nos ha puesto en Norteamérica. El TLCAN no era perfecto, pero había funcionado bien porque nos alineó con Washington y Ottawa y nos dio un mecanismo de solución de controversias que todavía sirve. No podemos dejar que China nos utilice. Además de todas las desventajas que eso traería frente a Estados Unidos, los chinos no nos darán nada a cambio.

Lo que tendríamos que hacer es reconocer que nuestra posición geográfica privilegiada nos permite ser enlace entre varias regiones y aprovecharla mejor desarrollando proveedores mexicanos de calidad, producir componentes, mejorar la infraestructura (marítima, vial, aeroportuaria, aduanal, energética), fortalecer logística, buscar aumentar el contenido nacional, proporcionar mano de obra altamente calificada y ofrecer certeza jurídica. La revisión del T-MEC debería ser el punto en el que México se afiance en Norteamérica y que defina el lugar que quiere ocupar en las cadenas de valor del siglo XXI.

¿Tienes alguna pregunta? contacto@usacredit.com.mx

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